Minería informal a la peruana. Entrevista a Nury García (Parte 1) / Víctor Falconí Miñano

miércoles, 16 de enero de 2013

Desde hace muchos años, la satanización a todo tipo de minería y la idealización del "mundo rural" ha tenido un entrampamiento sobre el qué hacer con la minería informal. Curiosamente muchos empresarios mineros y ecologistas han coincidido en suprimirla considerando los altos niveles de evasión tributaria, daños ambientales, caos social e índices de violencia derivados de la falta de control estatal en estas zonas.

Sin embargo, en los últimos años y ante el empoderamiento de los actores relacionados a la minería informal sea por su elevado número y por su poder económico, el tema recién ha tenido connotación mediática desde finales del 2011 cuando una huelga de mineros informales paralizó varias provincias del Sur y Norte del país. Los sucesos revelaron otra voces menos escuchadas: las de dirigentes, pobladores rurales y especialistas que afirmaban la complejidad del fenómeno tanto como oportunidad económica para los pequeños productores que sobreviven con el mineral extraído, incluyendo las posibilidades de generar una percepción nueva sobre la minería en entornos rurales y con participación comunal, así como el reclamo eterno por la presencia de un Estado que ofrezca alternativas no violentas y viables para su formalización.

Nury García[1], Directora de la Asociación Proyecto Amigo e integrante de la Red Muqui[2] es una de las especialistas sociales con más amplia experiencia en el tema; ella nos ofrece respuestas interesantes que prometen una mirada más compleja y realista sobre este fenómeno económico y social y sus próximas consecuencias en el desarrollo rural.

Visiones de Desarrollo Rural y minería informal

Durante las jornadas de investigación en campo, aflora la idea de los propios pobladores que, en muchos espacios, el rendimiento agropecuario es bajísimo y, ante ellos, se erige un cerro lleno de oro…

Es que es cierto, en muchos sitios no rinde lo agropecuario. No le da, pues.

Entonces, con el cerro lleno de oro; ¿qué hago? Tengo varios hijos y quiero que  tengan buena educación, quiero que mi pueblo tenga veredas, pista. Entonces, algo me tengo que beneficiar también. ¿Desde la Red no creen que sí sea probable y legítimo que las comunidades decidan realizar minería bajo ciertas condiciones?

Sí. Es también mi posición, también de la Red Muqui: minería bajo ciertas condiciones. De que existen riesgos no esperados, los hay por el lado del campesinado y del lado de quien planifica la política de desarrollo rural. Lo que se reclama es que sencillamente el Estado no promueve un desarrollo rural inclusivo más allá de las políticas asistencialistas. Ante ello, la entrada de la minería debe darse pero bajo ciertas condiciones, y no por eso no dejes de exigir lo otro, porque ¿cuáles han sido las causas para que aumente la minería artesanal en el Perú?

¿Y cuáles son esas causas para el aumento de la minería artesanal?

Bueno, ya sabemos que lo primero es el alza del oro. También está la cuestión de la violencia armada pues mucha gente también emigró a las ciudades y abandonó el campo, y cuando retornan esa es la posibilidad inmediata de tener ingresos pero lo real es el abandono del Estado de las zonas rurales con políticas de desarrollo…

¿No hay una política sobre desarrollo rural desde el Gobierno Central? ¿Y en ese contexto que hace la gente y cómo se relaciona con la minería?

Lo que hay son estas políticas del “perros del hortelano” que obliga a la gente a que se busquen la suya y una de esas formas ha sido acomodarse a lo que hay: “Si hay minería, pues también la hago”. ¡Ojo! Tienen derecho, pero que no sea, digamos, una manera de aceptar el statu quo; es decir, seguimos postergando históricamente otras opciones y además porque en algún momento estos minerales se van a acabar, se van a agotar, y cuando se agoten, ¿qué pasará con los ahora mineros artesanales?, ¿cuál es la otra alternativa más sostenible y que podría ser más efectiva? Es la rural, pero no se está viendo, y tú pregunta al Gremio y al Gobierno Central: ¿qué están haciendo al respecto?

¿Y acaso el gobierno actual tiene esa misma política?

¡Claro! Las leyes de interdicción actuales y las políticas agrarias que favorecen la gran propiedad agroindustrial lo que te dicen es que si ellos –campesinos o pequeños mineros- no se insertan a la economía de mercado, si no son el eslabón que ayuda a la economía de exportación, entonces son gente que está de más, y que si no están insertados en eso, es su problema, y tendrá que dedicarse a otra cosa. O sea: abandonar el campo, migrar, y ser pues, los informales de las periferias de las urbes.

Y entonces se volverían un problema mayor…

¡Por supuesto! Porque no encontrarán suficientes empleos en las urbes ni tampoco les dejan trabajar en sus lugares de origen, porque los que dan trabajo son los mineros –justamente en estas zonas rurales- pero este Estado (o Gobiernos) no los quiere, aunque esa fue la alternativa de muchos para sobrevivir. ¿Y qué otra alternativa tendrían? Pues que sean funcionales a las grandes familias agroexportadoras en la costa, o lo que les ofrezca el dueño de las concesiones en la sierra y selva.

Por lo que puedo captar, es poner el análisis en función del pequeño minero (formal o informal) como un problema “actual” pero antes no… ¿Esto es así?

Es que el capital financiero (quienes prestan y financian los grandes proyectos mineros) requiere más oro para respaldar su capital y está exigiéndole a las grandes mineras y a las medianas minerías que empiecen ya a tener réditos, y empiecen a pagar el crédito que han tenido en base a las concesiones que han adquirido.

Entonces, ahora el minero informal-ilegal, ahora sí ya es un problema. Si antes era un beneficio, ahora sí es un problema porque ahora el minero, el ilegal e informal, ya no quiere ser el peón del concesionario, sino quiere, más bien, ser su propio dueño y su propio gestor, digamos, de su empresa.

¿El pequeño minero de hoy acaso ya se ha empoderado?

Ah sí. Ya se han empoderado; está creciendo un sentido de corporación y donde se ha dicho: “bueno, por mucho tiempo resultamos siendo los peones de los otros, beneficiando a los otros y, aunque también nos hemos beneficiado, pero podríamos beneficiarnos más si fuéramos nosotros mismos los que tuviéramos todo.”

Cuando tú dices “nosotros mismos” ¿te refieres a una consciencia individual o te refieres a una consciencia de asociatividad?

Hay también de los dos porque como te digo, si tú ves al minero artesanal (ilegal o informal) verás una gran heterogeneidad: está el minero que trabaja en el socavón, que es el que gana menos y se perjudica más; está el contratista, que gana un poco más; está el dueño del socavón o el concesionario, que pueden ser diferentes –que también ganan más –; el que procesa, y el que vende. Y aparte tienes las redes de servicio ¿no?: el que te vende la madera, el que te vende los insumos, los explosivos...

Entonces, el propio productor pareciera que es el menos beneficiado…

También. Hay quienes se han asociado pero para que se beneficie, no necesariamente el minero que entra al socavón, sino para que se beneficie desde los contratistas hacia arriba.

¿Una pequeña minería que se formaliza con criterio inclusivo, aliviaría o hasta resolvería el problema de pobreza rural –en ciertas áreas- generando y fortaleciendo mercados internos…?

¡Claro! Ya lo ha venido haciendo creando mercados internos locales aunque con cierto desorden pero ello en el contexto de la poca fiscalización del Estado, el aumento del precio del oro por la demanda del capital financiero y la necesidad de empleo. Ahora el problema va a ser cuando ese precio del oro baje… ¿Qué va a pasar?

En trabajos de campo que me tocó realizar en Piura, Apurímac y Huánuco se está viendo una disyuntiva: 1) Los que no quieren ningún –o algún- tipo de minería acusando posible contaminación y fenómenos sociales no vistos en sus poblaciones (prostitución, irrespeto a los “mayores”, alcoholismo, embarazos no deseados). 2) Y últimamente los que, utilizando un discurso crítico hacia los capitales trasnacionales, deciden hacer minería en sus comunidades y buscan expulsar a todo trabajador minero foráneo. ¿Cómo la red Muqui ha evaluado este proceso? ¿Cómo negativo o positivo?

Primero se necesitaría un ordenamiento territorial del país pero esto avanza demasiado lento. Lo otro es reconocer el “principio de soberanía de los pueblos” sobre el tipo de desarrollo que quieren en su localidad. Es un principio también necesario pero ese principio no puede estar basado en la arbitrariedad: Yo como población decido qué hago en tal lugar de mi territorio, pero antes tiene que haber un previo conocimiento de ese territorio, que te puede dar un instrumento de ordenamiento territorial que sería la zonificación ecológica que te dice o indica donde no puede haber minería y donde sí; y allí ya no debe primar solo la cuestión ideológica sino complementar los factores climáticos, geomorfológicos, hídricos, etc.

Una cosa es conocer y demarcar el territorio, otra es quien decide y quien hace…

Una vez que la población sabe dónde sí, la población en conjunto se debe poner de acuerdo dónde va a haber, quiénes lo van a hacer y ese factor es el que no hay lamentablemente. Pero este ordenamiento territorial debe ser tanto con un enfoque de desarrollo sostenible y un enfoque cuencas porque por ejemplo, tú vas a encontrar una comunidad en tal lugar, que la comunidad ha decidido en su asamblea hacer ellos minería artesanal. Tú les preguntas: “entonces ¿ya no van a ser campesinos, ya no van a tener agro ni siquiera de subsistencia? porque según lo que ustedes están pensando hacer, sus afluentes –porque se necesita mucha agua ¿no? para la actividad – van a ser gastados. Y la comunidad se pregunta “¡ah, no habíamos pensado en eso!” entonces ahora, por ejemplo, ya algunas evalúan y dicen: “¿lo hacemos o no lo hacemos?”. Y todo  porque no hay información antes de decidir. Yo opino que la comunidades decidan pero teniendo como condición el nivel de conocimiento y consenso sobre el tipo de espacio que ocupan y su uso; porque si no pues cada uno se manda a hacer lo que quiere y con un desorden total.

Lo otro es el saneamiento de concesiones. Tú ves el mapa de las concesiones en el Perú y se han hecho desde un punto de vista economicista, extractivista, y entonces cualquiera va al Estado y pide su concesión y el Estado lo da y que este haga lo que quiera. Debe ser desde un punto de vista de actividad productiva, no de actividad extractiva donde todo es posible de ser extraído. Pero esa mirada no ha habido y por eso se depreda sin notar si esa acción, por más que sea de subsistencia, les va a permitir hacer las otras actividades alternativas que han seguido teniendo. Entonces, lo hago como siempre se ha hecho.

Cuando hablas del punto de vista productivo te refieres a que la actividad de pequeña minería es capaz de…

¡Potenciar otras, o que me permita seguir haciendo las otras! Sabiendo que esa actividad extractiva se acaba en determinado tiempo y que se debe hacer bajo ciertas condiciones para superar la mirada de: “produzco para sobrevivir”, “no extraigo hasta que se termine todo, que se contamine todo y no pienso en las futuras generaciones…”.

Resulta curioso: “Que el mineral extraído sea un motor para la sostenibilidad…”

Lo que se plantea –y que para mí debería ir para todo tipo de población, no solamente la indígena es que si tú comunidad, decide hacer esta actividad con carácter comunal, que sea desde la visión del desarrollo sostenible. Si tú, como comunidad o pueblo indígena, cuestionas el modelo de desarrollo extractivista y hablas del “buen vivir”… ¿Cómo vas a hacer una actividad solamente extractivista? Es decir: sacas, sacas, como sea, contaminas, no piensas en las futuras generaciones. Entonces, ¿qué criticas al otro si estás haciendo lo mismo? Y allí debe primar el criterio de beneficio general donde, pues si la actividad genera réditos para todos los asociados, que se forme un fondo común para inversiones en mejora de infraestructura, servicios básicos u otros pero dentro de la localidad.

Si el Estado tiene al “perro del hortelano”, hay otro discurso que, pienso, impide un discurso renovador del desarrollo rural: Uno que considera al sector rural, a sus comunidades campesinas y nativas, como un espacio casi virgen e inmutable, sin contradicciones internas y que no debe ser influenciado por el mercado u otro tipo de institucionalidad, y por ello estigmatiza a quienes no alineamos con él. ¿Consideras que esto existe? ¿Es adecuado o es políticamente correcto mantenerlo?

Existe y es rotundamente negativo. Es el otro extremo de la moneda y también es dañino. Es la mirada anquilosada, digamos, ¿no? del “deber ser” de gente exógena, extraterritorial, que va a un territorio a querer forzar la idea que tiene, de lo que tiene que hacer un campesino y lo impone. Pienso que se debería también debatir y combatir.

¿Crees que está creciendo este discurso? ¿A qué se debe su origen?

Lo que pasa es que como se ha querido reivindicar lo que es la situación de los pueblos originarios, de los pueblos indígenas, muchos optaron por ese énfasis pero se ha caído al otro extremo y no está ayudando. No está ayudando porque te da una mirada muy esencialista e idealista de pueblos originarios ¿no?, que no te permite aterrizar ni en políticas, ni en cuestiones que incidan sobre el bienestar de vida de estas comunidades y más aún en un contexto de lucha contra la pobreza.

En este sentido, el tema de minería informal, un poco rompe esas nociones “esencialistas” o “extractivista”. Pese a sus complejidades, sí hay una población rural que genera su propio mercado, un mercado interno muy fortalecido, donde hay un propio desarrollo local donde la gente decide qué hacer con su territorio.

¿Y qué decirles a los pueblos que, solo por razones ideológicas, no desean la extracción de recursos minerales?

Si tú dices: “no quiero”, es porque hay ciertas condiciones o alternativas productivas que te permiten decir justamente “no quiero”. El poblador común sabe muy bien las condiciones que poseen sus territorios e incluso es factible que, teniendo alternativas productivas, decidan también hacer pequeña minería. Ahora, si tú ves lo que ocurre en Madre de Dios, donde se registraba un caos enorme, es necesario asumir una posición, pero ya no puede ser solo “sí o no”. Esa posición no queremos, no va a ayudar, sino más bien que tiene que ser una posición según caso. Va a tener que ser caso por caso.

Si al parecer existe mucha información descriptiva… ¿Podemos ya establecer una clasificación sobre la minería informal en el Perú?

Eso es todavía un desafío. El vacío que hay ahorita en estudio, es la cadena productiva y la cadena de servicios. Eso se tiene que investigar. Entonces, la definición de minería artesanal tiene que estar en relación a la cadena de productos de su región, del país e internacional. O sea la definición va a tener que estar en relación a eso. Estudios sobre cadena productiva y cadena de servicios relacionado a minería artesanal hay muy pocos, y ahí creo que está parte del meollo del asunto.

La segunda parte de esta entrevista donde se tocarán las críticas y riesgos del actual proceso de formalización, así como los esfuerzos organizativos por entender el complejo problema de la minería informal en: 
http://www.patiodesociales.com/2013/01/mineria-informal-la-peruana-problemas-y_29.html




[1] Asociación Proyecto Amigo brinda apoyo en tareas de capacitación en minería artesanal en la Sierra Norte del Perú desde 1995. Es integrante de la Red Muqui en “la Comisión de Minería a Pequeña Escala” al ser este un espacio de discusión y concertación de propuestas sobre este tipo de minería.
[2] Red de organizaciones –cerca de 26 – que trabajan a nivel nacional, alternativas económicas, productivas y de desarrollo con enfoques de desarrollo sostenible, sustentable y con posturas muy críticas de la perspectiva economicista extractivista, es decir, que cuestionan que la política económica estatal se oriente a la obtención de materias primas con fines de exportación.

 
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